Diario de Zho
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Contenido |
Descripción
El Diario de Zho, narra las peripecias de como Zho se convirtió en una verdadera guardabosques mediante la domesticación de un Moa Negro.
Obtención
El diario se puede obtener derrotando a Zho en el Torneo de lucha Norn en Campamento de Gunnar. Este objeto está personalizado para el personaje que vence a Zho. En caso de perdida ver Notas.
Contenido
Comienza el viaje
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7 Songtahn de 1584 CC. El dolor del ojo que me falta me ha atormentado estos últimos años. Después de todo este tiempo, todavía me despierto bañada en sudor frío, gritando y tocando la cuenca vacía. El graznido o el gorjeo de cualquier pájaro hacen brotar escalofríos por mi espalda. Gotas de sudor me recorren la frente al recordar aquel aciago día. El miedo me corroe, pero lo he venido ocultando. Mis compañeros no lo pueden saber. Pensaba que las pesadillas desaparecerían con el tiempo, pero rehúsan a dejarme en paz. Temo consumirme y transformarme en una mera cascarilla de lo que soy; encogiéndome y esondiéndome de gallinas y gaviotas que parlotean como viejas arpías. Debo hacer frente a mis temores de inmediato si quiero ser una auténtica Guardabosques. Debo domesticar mis temores. Debo domesticar un Moa Negro. Ésa será mi misión y no descansaré aunque me cueste el otro ojo. Encontraré a ese moa, aunque me cueste la vida. Lo tengo que intentar, aunque muera en el intento. |
Primer intento
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23 Saita de 1585 CC. He viajado en vano hasta el Bosque de Echovald. Primero fui al lugar donde todo comenzó, cuando el moa negro me arrancó el ojo y me cambió para siempre. Resulta divertido cómo un suceso puede cernirse en la mente de uno y convertirse en más de lo que era. Mis pesadillas pintan este sitio como una fuente de gran maldad, pero ahora lo he encontrado bastante ordinario de hecho. Un claro entre los grandes árboles petrificados y nada más. Muy a mi pesar, no hallé por ningún sitio el moa que buscaba ni huellas que rastrear. Sin embargo, he recorrido todo el Bosque de Echovald y sus oscuros recovecos durante meses. El sentimiento de fracaso empieza a mariposear en la boca del estómago. Mis habilidades de rastreo no me han servido de nada mientras penetro en territorio desconocido. Tal vez busque el consejo de aquellos más familiarizados con el bosque. |
Rumores y leyendas fantásticas
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10 Nemnai de 1585 CC. Creo que he encontrado lo que buscaba o, por lo menos, se ha abierto ante mí el modo de conseguirlo. Los sentimientos de desesperanza han desaparecido y han sido reemplazados por un zumbido de excitación. Hablando con los Kurzick y leyendo lo que queda de sus registros he descubierto que el pájaro moa no es originario de estos bosques. No hay constancia de ellos antes del Viento de Jade. De hecho, no hay constancia de ellos hasta hace unos pocos años cuando los extranjeros comenzaron a aventurarse en estas tierras. Los Kurzick dicen que el bosque cambia las cosas, corrompe la mismísima esencia de los seres. He encontrado un relato de un comerciante de Ascalon que buscaba ámbar en el bosque. Narra cómo al entrar en el bosque su mascota moa empezó a mostrarse cada vez más agitada. Al final, parece que el moa se volvió loco y acabó atacando a su dueño para luego huir al interior del bosque. Tal vez sea ése el origen del moa negro. Perturbados y afectados por la exposición a la foresta, mascotas y otros animales importados son soltados en el bosque y abandonados a su suerte por sus desafortunados dueños. Si he de domesticar un moa negro, creo que la única forma de lograrlo es hacerme con un huevo y traérmelo aquí para imbuirlo con la esencia del bosque. De esa manera, el polluelo me tomará cariño desde el mismo momento que rompa el cascarón. Pronto iré a Ascalon, de donde proceden los moa, con la esperanza de hallar un nido desatendido del que hurtar su contenido. En primer lugar debo hablar con el Clan de la Tortuga de los Luxon para aprender a transportar intacto un huevo. Ellos están mucho más acostumbrados a incubar y cuidar huevos. |
¡Descubrimiento!
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19 Beibacah de 1585 CC. Siempre me ha gustado estar aquí. Andar entre los clanes que se cobijan en las tranquilas olas de jade silenciadas para siempre por el último aliento del Traidor. He pasado cuatro semanas con el Clan de la Tortuga en Cavalon y estoy impaciente por proseguir con mi misión. No había previsto una estancia tan larga, pero tuve la buena fortuna de que cuando no llevaba ni dos días aquí llegara de Shing Jea un hombre especial. Ese hombre, que había nacido en el Clan de la Tortuga, trabajó una vez para el Ministro Cho en su zoo atendiendo a las exóticas criaturas que allí había. Sus conocimientos sobre como cuidar un pájaro moa, antes y después de salir del cascarón son más que someros. Cuando hace tres años se abatió la tragedia sobre la finca del ministro, él estaba aquí de vacaciones con su familia y pudo sobrevivir a ella. Como sucedió con tantos otros, la plaga le arrebató mucho a este hombre y no quedó nada para él en Shing Jea, así que decidió regresar a su hogar, Cavalon. Hemos estado hablando durante horas. Pude aprender mucho de él sobre el cuidado de los polluelos, al tiempo que uno de los trabajadores del criadero me enseñaba los trucos para transportar los delicados huevos. La jefa del Clan de la Tortuga tuvo la amabilidad de obsequiarme con un pequeño cofre acolchado por dentro con compartimentos para poner piedras calentadas a fuego que mantengan el huevo caliente. Fue bastante enigmática, habló de tareas difíciles y ritos de paso. Aún así, en ella he encontrado estas últimas semanas un alma gemela, de modo que estoy triste porque la perderé cuando me marche. Hay tristeza en sus ojos. Algo de su pasado la obsesiona a la vez que yo sufro tormento. Si alguna vez regreso, lo investigaré más a fondo, pero ahora tengo que hacer el petate. En uno o dos días partiré hacia Ascalon, el origen de mi salvación. |
Depresión de invierno
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30 Yundifang de 1585 CC. Fue una locura venir aquí tan tarde, me pudo la impaciencia. Ojalá me hubiera quedado en el Mar de Jade otro par de meses; aquí hace frío y ni siquera es la época de apareamiento de estas extrañas aves rojas. Haré frente a la nieve en uno de los fuertes del sur y ayudaré en lo que pueda en la guerra contra los salvajes y felinos Charr. |
Ojo en la presa
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15 Zhoyo de 1586 CC. Con el dulce aire de la primavera vino el graznido y la danza del moa para atraer a una compañera. Me había aficionado a pasear por las tardes por el valle más cercano mientras la nieve se derretía y abría los senderos entre la brea y los escombros donde anidaban varios moas. Durante días he fisgoneado y comprobado los nidos en busca de signos de ocupación y, por fin, mi espera a ha terminado. Hoy, en una de mis rondas diarias, me tropecé con un nido que contenía tres diminutos huevos. La madre no estaba a más de cinco pasos de distancia, hurgando entre la maleza de esta estéril y abrasada tierra en busca de sustento sabiendo que la oportunidad era breve, pues era seguro que la madre regresaría al nido en cualquier momento para proveer a sus crías del calor que tanto necesitaban para la supervivencia, me acerqué a rastras al nido, le arrebaté uno de los huevos y coloqué en su lugar una roca cercana. Me di prisa en volver al fuerte con el huevo en mi canesú donde el calor de mi corazón lo mantendría a salvo. Recogí presta mis cosas, me despedí y ahora regreso a la carrera al Bosque de Echovald para infundir su siniestra esencia en mi presa. |
Las Cataratas
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4 Nongkam de 1586 CC. He viajado con la máxima urgencia para adentrarme en el Bosque de Echovald. Me han dicho que el periodo de gestación de los pájaros moa es más largo que el de muchas aves, pero apenas me queda tiempo para lograr mi meta. Me dirijo ahora a una de las numerosas cataratas del lugar para bañar mi huevo en la esencia fluyente del bosque, para inundarlo con ella y sumergirlo en aquellas aguas. ¡Ay! ¡Ojalá funcione! |
Carrera de infusión
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5 Nongkam de 1586 CC. Aunque parece que he logrado imbuir al huevo, temo por su seguridad. Cuando lo tenía sumergido en la sangre del bosque, la transformación fue bastante considerable. Conforme el agua se arremolinaba en torno suyo, pude ver cómo el líquido se adhería al huevo y endurecía su superficie. En cuestión de segundos, el cascarón parecía tener el doble o el triple de espesor. De la impresión, saqué el huevo para que no fuera consumido por el bosque y sus tinieblas. Lo que me preocupa es que ya no sea capaz de mantenerlo caliente con rocas del fuego. Sin ese calor el polluelo que crece en su interior no sobrevivirá. Ahora yo soy su madre y lo estoy haciendo pésimamete. He pasado la noche en vela con el huevo apretado contra el corazón en un intento desesperado de proporcionarle calor y buscando en los recovecos de mi mente una forma de mantenerlo a temperatura estable. Si lo coloco en el fuego, seguramente se quemará y nunca me han gustado los huevos pasados. Las rocas calentadas al fuego habían funcionado tan bien hasta ahora que creo que lo que necesito son rocas más calientes. Las rocas de los volcanes del norte son conocidas por conservar el calor de su horno materno. Entretanto, mientras viajo, he aflojado mi canesú para mantener el huevo junto al corazón. Espero que baste por ahora. Todos mis pensamientos atienden a su seguridad. Tan preocupada estoy que ni me he dado cuenta de cuándo cesaron las pesadillas. Creo que es un regalo de Melandru que por fin sea capaz de amar algo plenamente. |
Nacimiento
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27 Zalfawn de 1586 CC. EL tiempo que pasé en el Anillo de Fuego fue breve. Tomé media docena de rocas de una de las muchas corrientes de lava y volví inmediatamente al bote para dirigirme a casa. No tardé mucho en darme cuenta de que las rocas de lava ayudaban, pero que no eran lo bastante calientes. Regresé y desafié las aguas del Orr hundido hasta llegar a Picosescalofriantes, donde habitan los enanos. Necesitaba una corriente de calor constante y controlada y, al no saber de mecánica, acudí a los enanos y sus hornos. En lo profundo de Picosescalofriantes busqué su horno más grande y coloqué el huevo en la Llama del Pesar. Cuando apareció, el cascarón creado por el Bosque de Echovald se había convertido en ceniza y todo lo que quedó fue el huevo del moa. Esa noche se rompió el cascarón. De él salió un polluelo negro con el pico y las patas naranjas. Eso fue hace tres días. Creo que ya estoy lista para volver a casa. |
Ónice
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10 Mikan de 1586 CC. El viaje de vuelta a casa se me pasó volando. Mis pensamientos estaban absorbidos por esta diminuta criatura que recurre a mí en busca de sustento y cariño. Es tan desvalida y dulce, ¿cómo pude llegar a tenerle miedo a una cosita así? He decidido llamarlo Ónice. El hombre que trabajó en la hacienda del Ministro Cho me dijo que al pájaro moa le gusta mucho el agua azucarada, así que me procuro miel para endulzar su agua. Come en su mayor parte semillas y bayas, pero como dulce le daré trozos de arenque o alguna baya importada de Elona. Se está empezando a poner bastante grande pero todavía está recubierto de plumón y resulta adorable. |
Abandono del nido
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2 Nemnai 1586 CC. Ónice se muestra cada vez más inquieto, como si reflejara mi propia inquietud. Hacía ya algún tiempo que consideraba al monasterio como mi hogar, pero tras estos últimos meses revoloteando por el mundo me ha entrado el gusanillo de viajar. Añoro la carretera. Como si fuera un castigo por resultar quisquillosa, Ónice ha abandonado su pequeño nido, hecho con el cofre que me dio la jefa del Clan de la Tortuga y ha comenzado a construirse el suyo propio lejos de mi cama, en un rincón de la habitación; roba trozos de hojas, ramitas y hierbas que tengo para el estudio de pociones y bálsamos. Ha forrado toda la cosa con lo que quedaba de una provisión de hierbas que había comprado a un mercader de Kaineng, el cual sostenía que procedían de allende Istan. Si bien echo de menos tenerlo cerca por la noche, no le privaré de su pequeño proyeto. La forma en que se acurruca en esas hierbas de Vabbi es una vista demasiado dulce para terminar con ella. |
Entrenamiento
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17 Yundinfang de 1586 CC. Ónice ya está casi desarrollado del todo. Hemos empezado a entrenarnos juntos, yo en la doma y Ónice en las formas de combate. Estamos aprendiendo a prever los movimientos e instintos del otro. A Ónice le entusiasma porque lo considera un juego. Los sentimientos de inquietud no han desaparecido, aunque nos distraemos con el entrenamiento. |
Aventura y más allá
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23 Saita de 1587 CC. Esta mañana Ónice y yo hemos dejado el Monasterio de Shing Jea para emprender un nuevo viaje por el mundo en busca de aventuras. En primer lugar, visitaremos Elona y disfrutaremos de las delicias de esa tierra. A continuación, tal vez sigamos hacia el norte hasta el Desierto de Cristal para ver qué maravillas hay allí. Después de eso, quién sabe. He oído que las tierras silvestres de las Lejanas Picosescalofriantes son algo digno de contemplar. También dicen que los bárbaros de aquellos lares prueban sus fuerzas en combates deportivos. Podría resultar divertido comprobar todo lo que Ónice y yo hemos estado entrenando. No me puedo creer cuánto he cambiado desde que se inició este viaje. Mis temores han desaparecido, expulsados gracias a una magnífica criatura que nunca me haría daño, que me cuida y protege al tiempo que es mi más afectuoso compañero. |
Notas
- En caso de perdida se puede volver a obtener hablando con Zho en Campamento de Gunnar para conseguir un ejemplar nuevo.
